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Traducción: Roberto H. Bernet

Edición digital: José Toribio Barba

Depósito legal: B-25.270-2016

ISSN: 2462-7186

EAN:  9788425441592

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ÍNDICE

NÚMERO 20 · SEPTIEMBRE 2018

HAY QUE DAR NUEVAMENTE VIDA

El papa Francisco en diálogo con los jesuitas de Irlanda

Papa Francisco

EL CONCEPTO «MÍTICO» DE PUEBLO

El papa Francisco, lector de Dostoievski

José Luis Narvaja S.I.

CRISIS HUMANITARIAS Y REFUGIADOS

Perspectivas religiosas y principios éticos

David Hollenbach S.I.

EL REY PREPOTENTE Y EL POBRE NABOT: UNA HISTORIA INFINITA

Giancarlo Pani S.I.

EL SACRIFICIO: UN TEMA INSIDIOSO Y NECESARIO

Giovanni Cucci S.I.

IRLANDA ENTRE PASADO Y FUTURO

Mons. Alan McGuckian S.I.

ECUMENISMO Y «GOBERNANZA» GLOBAL

Antonio Spadaro S.I.

FRANCISCO Y EL ESCÁNDALO DE LOS ABUSOS EN CHILE

Las cartas a los obispos y al santo Pueblo fiel de Dios

Diego Fares S.I.

RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

ENTREVISTA

HAY QUE DAR NUEVAMENTE VIDA

El papa Francisco en diálogo con los jesuitas de Irlanda

Papa Francisco

El 25 de agosto, durante su visita a Irlanda para el Encuentro Mundial de las Familias, el papa Francisco se encontró con un nutrido grupo de jesuitas de Irlanda. Estaban presentes también dos obispos jesuitas. Como siempre en estos casos, la conversación se dio de forma privada, sencilla y espontánea. El Papa acababa de tener un encuentro con un grupo de ocho supervivientes de abusos sexuales y, así, manifestó sus sentimientos y sus impresiones «en caliente», subrayando su compromiso en este campo. Habló de la importancia del discernimiento, de la frescura del evangelio, del peligro del autoritarismo en la Iglesia. Después respondió algunas preguntas sobre el liderazgo y sobre las vocaciones. Al igual que en ocasiones pasadas, La Civiltà Cattolica ofrece la transcripción de sus palabras realizada por su director, P. Antonio Spadaro, que viajó con el Papa.

ARTÍCULOS

EL CONCEPTO «MÍTICO» DE PUEBLO

El papa Francisco, lector de Dostoievski

José Luis Narvaja S.I.

El pensamiento del papa Francisco se formó de manera progresiva —junto a los estudios académicos— a través de la lectura y de la reflexión personal y gracias a la confrontación intelectual en los diversos ámbitos en los que vivió y actuó. Entre los muchos autores que han enriquecido su pensamiento nos detendremos en nuestro estudio en Dostoievski, tomando en particular consideración la monografía de Romano Guardini titulada El universo religioso de Dostoyevski. Veremos cómo la categoría «mítica» de pueblo adquiere un puesto principal en el escrito de Guardini y cómo las novelas de Dostoievski confieren un contenido concreto a dicha categoría.

CRISIS HUMANITARIAS Y REFUGIADOS

Perspectivas religiosas y principios éticos

David Hollenbach S.I.

La primera parte del artículo pone de relieve algunos recursos presentes en las grandes tradiciones religiosas y espirituales de nuestro mundo que pueden  [p. 5/104] ofrecer una respuesta a la crisis humanitaria y a las actuales migraciones. La segunda parte propone algunas perspectivas éticas más orientadas a la política, inspiradas también en la doctrina social de la Iglesia. Los recientes trabajos de algunos estudiosos han demostrado que la actividad de defensa acerca de los estándares éticos puede tener un impacto fuertemente positivo en algunos campos de la política internacional contemporánea. El autor es profesor en la School of Foreign Service de la Georgetown University de Washington.

EL REY PREPOTENTE Y EL POBRE NABOT: UNA HISTORIA INFINITA

Giancarlo Pani S.I.

«La historia de Nabot es antigua en el tiempo, pero, en la práctica, es de todos los días». Así comienza Ambrosio el relato del pobre Nabot, asesinado por el rey Ajab para adueñarse de su viña. El episodio del Primer libro de los Reyes presenta la avidez del rey Ajab, que lo posee todo y que también quiere el pequeño terreno de Nabot. Pero este no puede cederlo, porque es heredad santa de sus padres, recibida como regalo de Dios. De ahí el falso proceso y la lapidación del pobre. La historia bíblica es una historia infinita, de entonces y de hoy. Ambrosio se refiere al latifundismo de la Milán de finales del siglo IV. El episodio fue retomado por el papa Francisco, quien, en las homilías de Santa Marta y durante un curso de ejercicios anuales de la Curia, propuso varias veces esta actualísima lectura de Ambrosio.

EL SACRIFICIO: UN TEMA INSIDIOSO Y NECESARIO

Giovanni Cucci S.I.

Un libro de Massimo Recalcat de reciente publicación resulta valioso por tratar una temática fundamental de la vida humana, en la mayoría de los casos ausente en los debates culturales actuales o considerada en clave meramente negativa: el sacrificio. En el artículo se recorre la lectura propuesta de la mentalidad sacrificial, en particular la distinción entre sus modalidades sanas (símbolo sacrificial) y patológicas (fantasma sacrificial), que el autor presenta con ejemplos de carácter psicoanalítico, histórico, político y filosófico. En esta perspectiva, la muerte de Jesús se presenta como un acontecimiento antisacrificial que marca el fin de la era sacrificial, reuniendo de manera plena ley y deseo.

FOCUS

IRLANDA ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO

Monseñor Alan McGuckian S.I.

La Irlanda que el papa Francisco visitó el pasado 25 y 26 de agosto es una tierra en rápida evolución. Durante tiempo estuvo fuera de la Modernidad, y ahora lacerada por la tensión entre una generación que se encuentra a gusto en la posmodernidad mediatizada y otra, más vieja, vinculada a la tradición católica. La  [p. 6/104] Iglesia irlandesa, hasta hace poco muy fuerte y respetada, aparece hoy, a veces —también a causa del escándalo de los abusos sexuales—, asediada y humillada. Y sin embargo, en cada parroquia irlandesa hay muchos católicos fieles y alegres que llevan una vida fecunda de oración y de servicio. El autor es obispo de la diócesis de Raphoe, en la provincia del Ulster (Éire).

VIDA DE LA IGLESIA

ECUMENISMO Y «GOBERNANZA» GLOBAL

Antonio Spadaro S.I.

El jueves 21 de junio, el papa Francisco se dirigió a Ginebra en su vigésimo tercer viaje internacional, dedicado a celebrar el septuagésimo aniversario de la fundación del Consejo Mundial de Iglesias. La ciudad suiza hospeda también a un gran número de instituciones internacionales de referencia para la gobernanza global y para los temas de la paz, los derechos humanos y las migraciones. Después de haber recorrido los momentos del viaje, el artículo ilustra su significado: apelar al empeño común de los cristianos por el anuncio del evangelio y de su poder de salvación en un mundo dividido y herido. De ese modo, Francisco ha confirmado que, en la actual sociedad plural, la armonía no es posible solo si se prescinde de la fe y si el encuentro se produce dentro de un sentido de lo humano que excluya lo trascendente. Más aún: el evangelio impulsa la concordia y el compromiso por un mundo mejor.

FRANCISCO Y EL ESCÁNDALO DE LOS ABUSOS EN CHILE

Las cartas a los obispos y al santo Pueblo fiel de Dios

Diego Fares S.I.

El escándalo de los abusos que ha afectado a la Iglesia en Chile es una herida abierta, dolorosa y compleja, que está sangrando desde hace mucho tiempo. El artículo procura dar cuenta del proceso llevado adelante por el papa Francisco y de los criterios de discernimiento que él ha identificado para curar esta herida. Si bien no es pertinente sacar conclusiones de un proceso que aún está en marcha, sí se puede realizar una reflexión para sacar provecho de este nuevo modo de interpretar la realidad de la Iglesia que el Papa promueve en medio de todo el pueblo fiel de Dios. Tomando las palabras de Francisco, estamos ante la invitación a involucrarnos, a caminar en la búsqueda y a construir entre todos una Iglesia profética, más sinodal y esperanzadora.

HAY QUE DAR NUEVAMENTE VIDA

El papa Francisco en diálogo con los jesuitas de Irlanda

Papa Francisco



El 25 de agosto, durante su visita a Irlanda para el Encuentro Mundial de las Familias, el papa Francisco se encontró con un nutrido grupo de jesuitas de Irlanda. El encuentro estaba previsto para las 18:20, pero el Papa prefirió extender su encuentro privado con un grupo de ocho víctimas de abusos sexuales, que duró cerca de una hora y media. Alrededor de las 18:40, Francisco hizo su entrada en una sala de la nunciatura donde se encontraban reunidos 63 jesuitas. Entre ellos había dos obispos: Mons. Alan McGuckian, obispo de Raphoe (Irlanda), y Mons. Terrence Prendergast, arzobispo de Ottawa. También estaba presente el P. John Dardis, consejero general de la Compañía de Jesús para el discernimiento y la planificación apostólica. Tres de los jesuitas irlandeses actualmente son miembros de la provincia de Zambia-Malawi y uno reside en Sudán del Sur. Había también tres jesuitas en formación provenientes de Estados Unidos, Canadá y Camerún.

El provincial, P. Leonard A. Moloney, tomó la palabra para dar la bienvenida al Papa en nombre de todos: «Santo padre, hermano nuestro Francisco, de parte de los jesuitas irlandeses te digo “Céad míle fáilte!”. Esta es la típica expresión irlandesa de bienvenida, que quiere decir “¡Cien mil veces bienvenido!”. Te recibimos como hermano en Cristo e hijo de san Ignacio». El P. Moloney prosiguió agradeciendo por este encuentro «íntimo e informal», realizado a pesar del denso programa del Papa. Pero en particular, afirmó: «Agradecemos tu profunda fe en Jesucristo como rostro misericordioso y amoroso de Dios nuestro Padre. Presentas la fe de forma atrayente en un momento difícil».

Expresó el compromiso de «promover la comprensión de la libertad, del discernimiento y del acompañamiento espiritual». Este compromiso muchas veces fue requerido por Francisco a los jesuitas en sus viajes apostólicos. En La Civiltà Cattolica hemos informado siempre al respecto. Señalando a los presentes, dijo el provincial: «Como puedes  [p. 7/104] ver, no somos tan jóvenes —¡tú eres uno de los más jóvenes de este grupo!—, y te pedimos que reces por las vocaciones. Es una provincia que tiene mucha valentía y ganas de servir y de amar en todas las cosas. Hemos escuchado esta semana tu llamamiento a la oración y al ayuno y a hacer todo lo posible para erradicar el mal de los abusos del seno de la Iglesia».

El provincial concluyó así su bienvenida: «Una vez más, santo padre, mil gracias por estar aquí, por acompañarnos a lo largo de este camino y, sobre todo, por la alegría, el humor y la serenidad con que soportas la carga de tu liderazgo. Debes estar seguro de nuestras oraciones y de todo otro tipo de apoyo que necesites para poder desarrollar tu misión con paz y valentía».

(Antonio Spadaro S.I.)

A continuación, Francisco tomo la palabra y dijo:

¡Muchas gracias! Pido disculpas por recibiros con tanta prisa. Llevo mucho retraso y dentro de poco tengo que ir al Encuentro de las Familias, porque son tiempos precisos que debo respetar. Ante todo, me disculpo por haber olvidado todo el inglés que aprendí en Milltown hace muchos años, cuando vine a Irlanda por primera vez. No me llevo bien con el inglés. ¡Será un límite psicológico! Pero muchas gracias.

¿Por qué llegué tarde? Porque tuve una reunión con ocho supervivientes de abusos sexuales. Yo no sabía que en Irlanda también había situaciones de madres solteras a las que les habían arrebatado los bebés. Escuchar esto me ha tocado el corazón de manera particular. Hoy, la ministra de Infancia y Juventud me habló de este problema y después me hizo llegar un memorándum. Quisiera pediros una ayuda especial: ayudad a la Iglesia en Irlanda a poner fin a esta historia. ¿Y qué entiendo por poner fin? No entiendo simplemente pasar página, sino buscar remedio, reparación, todo lo que sea necesario para curar las heridas y dar de nuevo vida a tanta gente. La carta que escribí recientemente al pueblo de Dios habla de la vergüenza por los abusos. Quiero subrayarlo aquí y comunicároslo a vosotros. [p. 8/104] 

Yo he comprendido una cosa con gran claridad: este drama de los abusos, especialmente cuando es de grandes proporciones y produce gran escándalo —pensemos en el caso de Chile y aquí en Irlanda o en Estados Unidos— tiene detrás situaciones de Iglesia marcadas por elitismo y clericalismo, una incapacidad para la cercanía al pueblo de Dios. El elitismo, el clericalismo, favorecen toda forma de abuso. Y el abuso sexual no es el primero. El primero es el abuso de poder y de conciencia. Os pido ayuda para esto. ¡Ánimo! ¡Sed valientes! Verdaderamente, no podía dar crédito a historias que vi bien documentadas. Las oí aquí, en otra sala, y he quedado profundamente conmovido. Esta es una misión especial para vosotros: haced limpieza, cambiad las conciencias, no tengáis miedo de llamar a las cosas por su nombre.

Otra cosa. El provincial me dijo que estoy haciendo alegre la fe. ¿De verdad? ¡Con tal de que no sea un circo! [Aquí el Papa y los presentes rieron con ganas]. No, es la alegría del evangelio, es su frescura, que te lleva a seguir adelante, a no perder la paz. Hay que trabajar para que se comprenda bien la frescura del evangelio y su alegría. Jesús vino a traer alegría y no una casuística moral. A traer apertura, misericordia. Jesús amaba a los pecadores. Pero ahora estoy dando un sermón… ¡no era mi intención! Jesús amaba a los pecadores… ¡los amaba!, aunque tenía una terrible aversión por los corruptos. El evangelio de Mateo en el capítulo 23 es un ejemplo de lo que Jesús le dice a los corruptos.

Tener la frescura del evangelio es amar a los pecadores. Conozco a un confesor. Cuando un pecador viene a confesarse, lo recibe de tal manera que el otro se sienta libre, renovado… Y cuando hay alguna cosa difícil de decir, no se pone insistente, sino que dice: «He entendido, he entendido…», para liberar al otro del embarazo. Hace de la confesión un encuentro con Jesucristo, no una sala de tortura o un consultorio psiquiátrico. Hay que ser el reflejo de Jesús misericordioso. Pero ¿qué preguntó Jesús a la adúltera? ¿Le preguntó acaso «cuántas veces y con quién»? ¡No! Solo dijo: «Vete y no peques más». La alegría del evangelio es la misericordia de Jesús; más aún, la ternura de Jesús. Y a Jesús le gustaba la multitud, la gente simple, ordinaria. Los pobres están en el centro del evangelio. Los pobres siguen a Jesús para ser curados, para ser saciados de su hambre. Me viene en mente esto cuando [y se dirige al provincial] hablaste de la alegría. [p. 9/104] 

Después hablaste de la libertad, la libertad del discernimiento. Yo creo en el discernimiento, y hay que ser capaces de hacerlo. Hay que hacerlo en oración, buscando la voluntad de Dios… y —esto suena un poco herético, aunque no lo es para nada—, como cuando en la eucaristía está presente Jesús, así en el discernimiento está presente el Espíritu Santo. Es él el que actúa en mí. Y así sigues adelante y encuentras un camino que no pensabas… Este es el espíritu de la libertad, el espíritu que trabaja siempre en nosotros. Y esto no debemos perderlo cuando hablamos de la libertad.

El Papa pregunta al provincial:

Pero ¿cuántos novicios tenéis?

El provincial responde que son tres: uno de Irlanda y dos de Gran Bretaña, en el mismo noviciado. Francisco prosigue después:

Esto es algo que me preocupa: las vocaciones. ¿Qué sucede si la gente no se entusiasma más por nuestra vida? Tenemos que revisar nuestra vida para recibir hijos. ¿O ya somos estériles? Cuando descubrimos nuestra esterilidad, si nos ponemos en oración con el deseo de ser fecundos, el Señor nos dará la fecundidad. Tened confianza. Cada uno de nosotros debería acariciar a un hijo, hablar con un nieto. ¡Y nosotros ya casi no tenemos hijos ni nietos! Y con tantos santos que tenemos en la Compañía a lo largo de los siglos… Debemos pensar y preguntarnos: ¿qué sucede? Con tanta juventud que hay allí… Os sugiero la oración.

Después, el Papa inquiere si hay preguntas… El P. Michael Bingham se pone de pie para decir: «Esta no es una pregunta. Solo quiero agradecerte por el ejemplo de solidaridad que das, sobre todo con los encarcelados». El Papa responde:

Por favor, saluda de mi parte a los que conozcas. Yo quiero mucho a los que están en la cárcel. Tengo una particular simpatía por ellos. [p. 10/104] 

El P. Brendan McManus pregunta qué se puede hacer concretamente contra los abusos. El Papa responde:

Debemos denunciar los casos de los que tengamos conocimiento. Y el abuso sexual es consecuencia del abuso de poder y de conciencia, como dije antes. El abuso de poder existe: ¿quién de nosotros no conoce a un obispo autoritario? En la Iglesia siempre ha habido superiores religiosos u obispos autoritarios. El autoritarismo es clericalismo. A veces, el envío a la misión hecho con autoridad y decisión es confundido con autoritarismo. Pero son dos cosas distintas. Hay que vencer el autoritarismo y redescubrir la obediencia del envío a la misión.

El P. John Callanan toma la palabra y pregunta: «Pero ¿cómo hace para mantener su corazón alegre con todo lo que le sucede?».

Es una gracia. Cada mañana, desde hace cuarenta años, después de las laudes matutinas, recito la oración de Tomás Moro pidiendo el sentido del humor. ¡Parece que el Señor me lo da! Pero nosotros en general debemos tener este sentido. El P. Nicolás decía que deberíamos dar al P. Kolvenbach el Premio Nobel del humor, porque era capaz de reírse de todo, de sí mismo y hasta de su sombra. Esta es una gracia que hay que pedir. No sé si lo que yo tengo es lo acertado; quizá solo sea inconsciencia… [y en ese momento todos ríen]. Tener sentido del humor es fruto de la consolación del Espíritu. Insisto en una cosa que me ayuda: el jesuita siempre debe buscar la consolación, debe buscar ser consolado. Cuando está desolado, está árido. La consolación es una unción del Espíritu. Puede ser fuerte o mínima. El mínimo de la consolación es la paz interior. Debemos vivir con esta paz. Si el jesuita no vive en paz, vive desolado.

El P. Michael O’Sullivan se pone en pie y dice: «No sé si te acuerdas, pero nos encontramos en los años ochenta, aquí, en Milltown». El Papa pregunta su nombre y le viene en mente, como también el nombre de otro jesuita que había conocido. El P. O’Sullivan prosigue planteando una pregunta sobre las responsabilidades de los casos de abusos. Francisco comienza diciendo que hay que responder por las responsabilidades y haciéndolo según la propia estructura de la Iglesia, [p. 11/104]  de las iglesias locales. En ese momento entra en la sala el responsable del viaje, que pide al Papa que concluya el encuentro porque iban retrasados con el horario.

Un anciano hermano jesuita, George Fallon, le entrega a Francisco, en nombre de todos, una pequeña píxide para llevar la comunión a los enfermos, mientras dice: «Pido al Señor que te dé el don del Espíritu Santo y la sabiduría para ayudarte durante tu visita». Lamentablemente, no hubo tiempo para hacer una foto de grupo ni para saludar a todos uno por uno, como generalmente sucede. Pero el Papa pidió rezar juntos un avemaría. Todos se pusieron de pie. Tras la oración, Francisco, antes de salir, no dejó de saludar a algunos jesuitas ancianos, en silla de ruedas, que estaban en primera fila. [p. 12/104]